jueves, 14 de junio de 2012

Aquí ya no hay medias tintas: es el “todo” o “nada”


La situación es crítica y urge actuar. Aquí presentamos una secuencia de lo que puede venir en los próximos días, con un calendario de acontecimientos al final.

1. Ayer Moody’s rebajaba la calificación de la deuda española en tres escalones para situarla en Baa3, con perspectiva negativa, lo que prácticamente la deja sentenciada para un estatus de “bono basura” en cualquier momento. Además, Europa corroboró que el rescate a la banca española será computado como déficit. De hecho, la rebaja de Moody´s se asociaba a que, con el rescate de 100,000 millones de euros (mde), la deuda pública de España se ubicaría en 90% del PIB. SU degradación sigue los pasos de la de Standard & Poor's en abril y Fitch la semana pasada. 


foton                                                                                                                  Fuente: El País

Hoy los mercados pasan factura a España: la prima de riesgo se trepa por encima de los 550 pbs y la tasa del bono de 10 años tocaba, por primera vez desde que existe el euro, el 7%. A este nivel, el costo del servicio de la deuda es insostenible, por lo que o se logra reducir o España tendrá que ser rescatada.

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2. Italia, la tercera economía de la eurozona, va camino de correr la misma suerte. El objetivo del rescate a la banca española era devolver la confianza a los inversionistas y apaciguar la presión de los mercados sobre los bonos soberanos de la periferia. De este modo, se pensaba, los gobiernos de España e Italia podrían volver a salir al mercado a financiarse a un costo aceptable, sostenible. Pero se cometieron errores, el rescate fracasó, y las tasas de interés de largo plazo de España e Italia se treparon a nuevos máximos y las emisiones se siguieron encareciendo.

En la subasta de hoy, Italia colocó 4,500 mde, pero a tasas asfixiantes. En el bono de referencia de 3 años subastó 3,000 mde, pero los inversionistas exigieron un premio de 5.3% comparado con 3.91% en mayo.  Y cuidado, porque el calendario de emisiones de Italia es más exigente que el de España.  

3. Por tanto, España e Italia, en medio del pasmo europeo, se dirigen de manera ineludible al abismo. Hay que hacer algo, y sólo hay tres vías de actuación, que se sepa: uno, intervenciones en el mercado secundario de deuda por parte del Banco Central Europeo (BCE) con el fin de reducir las tasas a base de talonario; dos, recurrir a un rescate tipo Grecia, Portugal o Irlanda; y tres, acceder a emitir eurobonos.

4. Las intervenciones del BCE en el mercado secundario sería un alivio efímero, temporal, que relajaría la presión en el corto plazo, pero no serviría para nada más. Sería un gastadero de recursos que terminaría por agotar la capacidad de intervención del BCE. Los mercados, una vez que detectaran qué tasa busca defender el BCE (lo cual es muy fácil porque ya están en su tope)  atacarían esos niveles y son tan potentes que terminarían derrotándolo. Sería como cuando un banco central defiende un tipo de cambio con reservas internacionales: sirve para ganar tiempo en el corto plazo, pero en el medio plazo está destinado a fracasar.


5. La segunda opción, un rescate tipo Grecia, Irlanda, o Portugal, tampoco es solución. Se dice que España e Italia son demasiado grandes para caer… y para rescatar. El mercado de deuda de España es como el de Grecia, Irlanda y Portugal juntos; y el de Italia es enorme, colosal. Es el tercer mayor emisor de deuda pública del mundo tras Japón y EU. 






De esto se concluyen dos cosas: uno, Europa y el FMI juntos no tienen ni de lejos recursos para rescatar la deuda soberana de España e Italia, no tiene los fondos para que puedan seguir honrando sus obligaciones si no pueden salir al mercado a financirarse; y dos, aunque los tuviera, no tiene caso seguir con las estrategias fallidas de siempre, las recetas de dinero por más austeridad fiscal que no han servido para el principal propósito que deben buscar: devolver a esos países el crédito de que pueden pagar y así los acreedores les vuelvan a prestar a tasas aceptables. 
  
                                       

 6. Por tanto, la única solución viable, la única opción que merece la pena intentar, es la emisión de eurobonos. Si realmente se quiere salvar el euro, sólo existe este camino… y ver qué pasa, pues a estas alturas nada es garantía de nada.   

La emisión de eurobonos es compleja, y llevaría tiempo cuajarla hasta que se convenza a todos y se pongan de acuerdo con el mecanismo que se seguiría (Europa, ya lo hemos visto, es desesperantemente lento, y los mercados se mueven a velocidad de vértigo). Existen varias propuestas: emitir bonos centralizados con “varias” garantías, que sería la menos radical; emitir bonos centralizados con garantías “conjuntas”; o emitir bonos que tuvieran “varias” garantías y garantías “conjuntas”, esto es, un camino intermedio entre las dos anteriores.

Eso en cuanto a las características del eurobono. Pero faltaría definir el monto de deuda que se estaría dispuesto a financiar. Y aquí también hay discrepancias: unos dicen que toda aquella deuda de los países que exceda del 60% del PIB que exige el Pacto de Estabilidad. Pero existe la visión que dice lo contrario, que debería emitirse como deuda común hasta que su stock alcance el 60% del PIB de l respectivo país, y a partir de ahí, los excesos, los asuma cada nación.

7. Sea como sea, un rescate siempre implica un problema de “riesgo moral”: cada uno puede asumir los riesgos que quiera, actuar de manera irresponsable, que al final estará la Fed, o el gobierno gringo, o el rico vecino teutón, en este caso, para salvarnos. Por tanto, si Alemania acepta finalmente poner su crédito y su dinero para salvar al euro pedirá como precio una mayor cesión de soberanía a los estados miembros, un mayor control sobre sus cuentas fiscales y sus políticas presupuestarias para asegurarse que en el futuro no caerá en los mismos dislates que termine afectando su propia credibilidad y arriesgando en vano el dinero del contribuyente alemán.


8. Por otro lado, ¿son las economías alemana (y francesas en menor medida) suficientes para rescatar a Europa?. No lo creemos: se precisa de una coordinación con todo el G-20. A ver qué se cuentan en Los Cabos, porque Alemania sola dudamos que vaya a acudir sola.

9. En cuanto a la cesión de soberanía, dadas las circunstancias, los países que se encuentran al borde del precipicio cederían: es dar un paso atrás o uno hacia adelante. Pero también será difícil convencer a todos sobre las nuevas reglas. Por ejemplo, en Francia, se celebran el domingo elecciones parlamentarias y se espera que la izquierda del socialista Francois Hollande domine el parlamento. Y justo lo que propugna es una política fiscal más expansiva en estos momentos de crisis para espolear el crecimiento y ayudar a la región a salir de la crisis: ya movió pieza derogando la reforma de las pensiones de Sarkozy y redujo de nuevo la edad de jubilación. ¿Estará dispuesto a sacrificar su agenda interna, opuesta a la ortodoxia de Merkel, por el pacto fiscal que exigen Berlín?

10. En medio, y también este domingo, están las elecciones de Grecia. El periódico británico The Guardian filtró hoy ciertas encuestas informales (la ley griega no permite la publicación de encuestas en las dos semanas previas a las elecciones) en las que afirma que el partido de Nueva Democracia ganaría y obtendría los 50 asientos extras que se otorgarán al vencedor para poder formar gobierno. Por tanto, el enojo parece que está cediendo frente al miedo, y que se librarán del funesto Hado de una salida precipitada de la eurozona. De ser así, y si se trabaja en los eurobonos, Grecia podría finalmente salvar también el pescuezo.

11. Pero si no fuera así, si ganara la coalición de izquierda Syriza, Grecia saldría con casi toda probabilidad del euro, salvo que su líder, Alexis Tsipra, diera marcha atrás y acatara los mandatos europeos. La situación podría resultar catastrófica, pero forzaría al resto de la región a llegar a acuerdos a marchas forzadas, como sucedió con la quiebra de Lehman Brothers. Se trabajaría en el mismo plan, pero sin Grecia. Y a veces pareciera que Alemania estaría más cómoda sin Grecia que con ella.

12. Y ahora algunas fechas clave para el desenlace de este “todo” o nada” europeo:

17 de junio: Elecciones en Grecia. Será un plebiscito sobre el euro.

                    Segunda vuelta de las elecciones parlamentarias en Francia. La izquierda puede obtener la mayoría.

18 y 19 de junio: Cumbre del G-29 en Los Cabos (México). España llegará con las cuentas de las auditorías independientes sobre las necesidades de recapitalización del sector bancario, que cifraron en 70,000 millones de euros (mde), inferior a los 100,000 mde. El mundo, con Obama a la cabeza que se juega la relección en noviembre, es previsible que presione a Merkel para que ceda y destrabe las negociaciones para la emisión de eurobonos.


19 y 20 de junio: Reunión de la Fed. Veremos si ante las señales de desaceleración económica en EU (menor ritmo de creación de empleo, contracción en las ventas minoristas) y el final del plan de “Programa de Ampliación de Vencimietos” (MEP por sus siglas en inglés) en junio, no se decanta por nuevos estímulos, al menos prorrogar el MEP como han sugerido algunos altos funcionarios.

21 de junio: Reunión del Eurogrupo. Los ministros de finanzas de la eurozona se reúnen para finiquitar el programa de rescate a la banca española y adelantar, previsiblemente, las discusiones de los eurobonos de cara al Consejo Europeo de finales de mes.

                    En medio de todo el desbarajuste, España tendrá que salir al mercado a refinanciarse con bonos de largo plazo. El éxito o fracaso de esa subasta, después de las elecciones griegas, determinará la urgencia con la que se debe proceder.

22 de junio: Se reúnen los ministros de finanzas de toda la Unión Europea, los 27 países, para dar seguimiento a los mismos asuntos. Previo a la reunión, se juntarán Merkel, Hollande, Monti y Rajoy para definir la agenda y los acuerdos que se deben alcanzar, entre ellos eurobonos e integración fiscal.

28 y 29 de junio: Cumbre del Consejo Europeo. Se reúnen el 29 y 29 de junio. Ahí será el “todo” o “nada”. O se llega con un plan integral de salvamento para el euro, con tres pilares clave: pacto fiscal y eurobonos; unión bancaria; y mayor integración política; con la que convencer a los mercados … o será el acabose. No hay espacio para otro paso en falso.


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